Integrar los excluidos para recuperar la paz

Ene 13, 2013

Integrar los excluidos para recuperar la paz

Te veo. Tú perteneces

“Siempre que una persona sea excluida, el sistema familiar queda perturbado y presiona inconscientemente para lograr una reparación. Porque aquél que fue apartado o excluido de esa manera será imitado más adelante por un descendiente, sin que éste se dé cuenta. Ese descendiente se siente como el excluido, se comporta como él y a menudo termina como él”
Bert Hellinger

Miramos nuestro sistema familiar completo:

¿Qué fue excluido, olvidado o ignorado?

El objetivo es restaurar el orden – allí donde se perdió.
Cuando cada uno encuentra su lugar, el sistema se aquieta. Y con ese orden llega también claridad, paz y fuerza interior.

Orden interior: porque con el orden, regresa también la fuerza – la fuerza para ver la vida con nuevos ojos y seguir el propio camino con claridad y dignidad.

Si alguien de tu familia viene a tu mente y no tuvo un lugar, haz una pausa y di suavemente para ti:

“Te veo. Tú perteneces”

Los adultos podemos ampliar nuestra mirada y ver que aquello que nos duele de nuestra sociedad, como robos, muertes, violaciones, etc etc no viene de “afuera” sino que surge de la misma sociedad… seres excluidos…. niños heridos en lo profundo de su alma que aún no pudieron sanar… Es hora de darnos cuenta de estas cuestiones humanas y que evolucionemos… cada uno desde su lugar puede aportar… comenzando a incluir en su corazón a los excluidos de su propia familia… ej abortos (espontáneos o provocados), muertes tempranas, “el loco”, la puta de la familia, etc etc… todas estas formas de exclusión… Puedes dejarte llevar por el Espíritu de la Vida y Él te guiará a ver quién es ese excluido que necesita ser reintegrado al alma familiar… visualiza, míralo y dile:

“ahora te veo, tienes un lugar en mi corazón, tu también perteneces…”

¿QUIÉN ME FALTA?
Bert Hellinger. Libro: Felicidad que Permanece
Podemos comprobar en nosotros si nos falta alguien.
Nos tomamos cinco minutos y cerramos los ojos.
Nos dirigimos internamente a cada uno de los que pertenecen a nuestra familia.
Los miramos a los ojos, también a los que ya llevan mucho tiempo muertos.
Les decimos: “Te veo. Te respeto. Te doy un lugar en mi alma”.
Percibimos inmediatamente que nos sentimos más plenos.
Al mismo tiempo sentimos si falta alguien. Por ejemplo, alguien olvidado, alguien a quien la familia vivía como una carga, alguien de quien se quería librar. También a ellos los miramos a los ojos.
Les decimos: “Te veo. Te respeto. Te amo. Te doy en mi corazón el lugar que te corresponde”.
De nuevo percibimos qué efecto tiene en nosotros y cómo estamos más plenos.
María Guadalupe Buttera G.

PorMaría Guadalupe Buttera G.

Nací en Santa Fe, Argentina, el 17 de abril de 1966. Me desempeño como Escritora y Comunicadora sobre Desarrollo Personal y Espiritual, facilitando procesos de transformación interior. Op. en Psicología Social. Counselor. Docente Certificada por el Centro Educativo sobre la Enseñanza de Grigori P. Grabovoi

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