La Culpa

La Culpa


Texto del libro “El Camino de la Entrega”, de David Hawkins, página 68-71

Una forma particular de miedo es lo que llamamos culpa. La culpa está siempre asociada a una sensación de injusticia y castigo potencial, ya sea real o una fantasía.
Si el castigo no se recibe en el mundo exterior, se expresa como auto-castigo a nivel emocional.
La culpa acompaña todas las emociones negativas y, así, donde hay miedo, hay culpa.
Si piensas en un pensamiento culpable y tienes a alguien para probar su fortaleza muscular, verá que el músculo se debilita al instante. Su hemisferio cerebral se ha desincronizado y todos tus meridianos energéticos se han desequilibrado. La naturaleza, por tanto, dice que la culpa es destructiva.

Si la culpa es tan destructiva, entonces ¿por qué hay tantas alabanzas atribuidas a ella? ¿Por qué los llamados expertos ven la culpa como beneficiosa? Por ejemplo, un psiquiatra escribió un artículo en una revista en la que alababa la culpa, diciendo: “La culpa es buena para ti”. Después, calificó la afirmación de “culpa apropiada”. Echemos un vistazo a todo lo que realmente rodea la culpa y veamos si estamos de acuerdo o no.

Al cruzar la calle, miras a ambos lados para ver si se acerca algún coche. ¿Cómo se llegó a esto? Cuando eras un niño, te dijeron que era “malo” cruzar la calle.
Vemos así que la culpa es en realidad un sustitutivo del sentido de la realidad en una mente que no está desarrollada, como la de un niño. Se trata de un comportamiento aprendido que es supuestamente práctico: para prevenir un error mayor o la repetición de un error.

El noventa y nueve por ciento de la culpa no tiene nada que ver con la realidad. De hecho, las personas más piadosas, mansas y sencillas están a menudo llenas de culpa.
La culpa es en realidad una auto-condena y auto-invalidación de nuestra valoración y valor como ser humano.
La culpa es tan frecuente como el miedo, y nos sentimos culpables sin importar lo que estemos haciendo. Una parte de nuestra mente dice que realmente deberíamos estar haciendo otra cosa.
O, lo que en realidad estamos haciendo en este momento, deberíamos estar haciéndolo “mejor”.

Nosotros “deberíamos” estar obteniendo una mejor puntuación en el golf.
Nosotros “deberíamos” estar leyendo un libro en lugar de ver la televisión.
Nosotros “deberíamos” hacer mejor el amor. Cocinar mejor. Correr más rápido. Crecer más alto. Ser más fuertes. Ser más inteligentes. Ser más educados. Entre el miedo a la vida y el miedo a la muerte está la culpa del momento. Tratamos de escapar de la culpa permaneciendo inconscientes a ella mediante la supresión, la represión, proyectándola en los demás, y escapando.

Permanecer inconscientes a la culpa (represión), sin embargo, no la resuelve. La culpa reaparece en forma de auto castigo y a través de accidentes, mala fortuna, la pérdida del puestos de trabajo y las relaciones,
los trastornos físicos y enfermedades, el cansancio, el agotamiento, y las múltiples formas que la mente ingenia y que llevan a la pérdida del placer, la alegría y la vitalidad.

La culpa representa la muerte igual que el amor representa la vida. 
La culpa es parte del yo más pequeño y subyace a nuestra voluntad de creer en cosas negativas sobre nosotros mismos.
La felicidad y la alegría del día a día son inmediatamente destruidas por un comentario negativo de un familiar, amigo o vecino.
Es improbable que existiera la enfermedad física sin culpa, y la culpa es una negación de nuestra inocencia intrínseca interior.
¿Por qué compramos tanta basura? ¿No es por nuestra inocencia?
¿No será porque, a medida que crecíamos, confiábamos en que lo que los demás nos decían era verdad? E incluso en la actualidad, ¿todavía confiamos en que lo que los demás nos están diciendo es la verdad?
¿No será que hemos comprado un montón de mentiras y estamos dispuestos a comprar otro montón desde la ingenuidad de nuestra inocencia interior?
¿No será esa inocencia interior la razón misma de que podamos ser explotados?

De hecho, cuando miramos en lo profundo de nosotros mismos, ¿no es porque desde nuestra inocencia nos creemos culpables?
Es debido a nuestra propia inocencia interior que hemos adquirido toda la negatividad del mundo y le hemos permitido acabar con nuestra vitalidad, destruir nuestra consciencia de quienes realmente somos, y
vendernos a la patética pequeñez en la que nos hemos establecido.
¿No es nuestra inocencia de recién nacido la que no puede defenderse y, sin capacidad de discernimiento, sólo pudo permitirse ser programada, como un ordenador?

Veamos que significa esto para volvernos conscientes. 
Oímos hablar de los programas de toma de conciencia y de los seminarios de fin de semana para expandir nuestra conciencia. ¿Qué quiere decir esto? ¿Obtener algunas nuevas fórmulas complicadas? ¿ser  programados con la idea de cualquier otro sobre la verdad mística?
La mayoría de los programas sobre la conciencia se reducen a este punto esencial: volvernos conscientes de lo que estamos comprando, de lo que estamos aceptando diariamente.
Echemos un vistazo a lo que ya ha sido programado en nosotros y comencemos a cuestionarlo, desarmarlo y dejarlo.

Despertemos y liberémonos de la explotación y esclavitud de la programación negativa del mundo. Veremos que es, un intento por parte de otros de controlarnos; explotarnos; sacarnos nuestro dinero, nuestros servicios, nuestra energía, nuestras lealtades; y captar nuestra mente. Los mecanismos por los que esto sucede fueron bellamente ejemplificados en la película, Tron, en la que la función del “control central” era la de esclavizar mediante la programación progresiva.

Cuando vemos la verdad de cómo nos programan, veremos que somos como un puro ordenador, en blanco. Somos el espacio inocente en el que la programación se está produciendo. Cuando veamos todo esto, nos enfadaremos. ¡La ira es mejor que la resignación, la apatía, la depresión y el dolor!
Significa tomar las riendas de nuestra mente, en lugar de entregarlas a la televisión, los periódicos, las revistas, los vecinos, las conversaciones en el metro, las observaciones casuales de la camarera, la basura de dentro y la basura de fuera.
¿Lo qué entró en nuestros bancos de memoria era basura, y cuando veamos esto, tendremos mucho menos miedo. Disfrutaremos empezando a dejar que los sentimientos surjan, viéndolos como lo que son, limpiando toda la basura, y dejándola ir toda.

Una vez que nos observemos profundamente y encontremos esa inocencia innata interior, dejaremos de odiarnos. Dejaremos de condenarnos y dejaremos de condenar a los demás y sus sutiles intentos de invalidar nuestro valor como seres humanos. Es hora de retomar nuestro propio poder y dejar de darlo a cualquier estafador que pase sacudiendo nuestros miedos para sacarnos un poco de dinero suelto de nuestro bolsillo o nos esclavice para su causa, viviendo de nuestra energía.
Es fácil alejarse de todo ese miedo porque ahora tenemos el poder de elección.

Tememos que el viaje del descubrimiento interior nos llevará a una verdad terrible, horrible. En su  programación de nuestras mentes, esta es una de las barreras que el mundo ha establecido para impedir la búsqueda de la verdad real.
Hay una cosa que el mundo no quiere que nos enteremos y es la verdad acerca de nosotros mismos. ¿Por qué? Porque entonces seremos libres. Ya no podremos ser controlados, manipulados, explotados, agotados, esclavizados, encarcelados, vilipendiados, o desprovistos de nuestro poder.

Por lo tanto, el viaje interior de descubrimiento está envuelto en un aura de misterio y premoniciones.
¿Cuál es la verdad acerca de este viaje? La verdad real es que, a medida que avancemos hacia el interior y descartemos una ilusión tras otra, una mentira tras otra, un programa negativo tras otro, se vuelven más y más ligeros.
La consciencia de la presencia del amor se vuelve más y más fuerte.
Nos sentiremos más y más ligeros. La vida se vive con menor esfuerzo.
Cada gran maestro desde el principio de los tiempos, ha dicho que hay que observar el interior y encontrar la verdad, porque la verdad de lo que realmente somos nos hará libres. Si lo que ha de ser encontrado dentro de nosotros mismos fuera algo que nos fuera a hacernos sentir culpables, algo corrupto, malo y negativo, entonces todos los grandes maestros del mundo no nos aconsejarían mirar ahí.
Por el contrario, nos dirían que lo evitáramos a toda costa.
Descubriremos que todas las cosas que el mundo llama “el mal” están justo en la superficie; están justo en la parte superior, en la capa más superficial, externa y delgada. Debajo de esos errores hay malentendidos.
No somos corruptos, -sólo ignorantes.
A medida que la cantidad de miedo culpable y energía que le acompaña sean elaborados, nos daremos cuenta de que las enfermedades físicas y los síntomas comenzarán a desaparecer.

La capacidad de amarnos en forma de aumento de la autoestima regresa y con ella viene la capacidad de amar a los demás.
Ser liberados de la culpa trae consigo una renovación de la energía vital. Esto puede ser observado dramáticamente en muchas personas que son convertidas a través de la experiencia religiosa. La
repentina liberación de la culpa a través del mecanismo del perdón es responsable de miles de recuperaciones de enfermedades graves y avanzadas.
Si estamos o no de acuerdo con su concepto religioso es irrelevante. Lo importante a destacar es que el alivio de la culpa se acompaña de un resurgir de la energía de la vida, el bienestar y la salud física.

Cuando se trata de sanarnos a nosotros mismos y aumentar nuestra propia salud emocional, “vale la pena ser paranoico”. Nos volvemos conscientes de todos los traficantes de culpas en nuestra vida y sus
influencias deletéreas.
Podemos preguntarnos, ¿no podríamos lograr la misma motivación o comportamiento por amor y no por temor y culpa?
¿Es la culpa la única razón por la que no apuñalamos a nuestro prójimo?
¿Por qué no podría ser que nos negáramos a apuñalar a nuestro prójimo porque lo amamos y cuidamos de él como otro ser humano que es intrínsecamente inocente y que está luchando por crecer, pero que puede cometer errores en el camino de la misma manera que nosotros, nosotros mismos, lo hemos hecho?
¿No seguiríamos las enseñanzas religiosas, dondequiera que estén, más eficazmente si lo hiciéramos por amor y aprecio, en lugar de por la culpa y el miedo?
Nos podemos preguntar, ¿qué es realmente necesario culpar de todos modos?
¿Qué posible servicio obtendremos de ello?
¿Somos tan miserablemente estúpidos que sólo nos portamos bien por la culpa?
¿Somos tan inconsciente? ¿No puede la consideración por los sentimientos de los demás reemplazar a la culpa como motivación para la conducta humana apropiada?

Al examinar estas cuestiones y analizar sus orígenes sociales, vemos que la Edad Media está lejos de haber terminado. La Inquisición se ha limitado a tomar formas nuevas y más sutiles de crueldad.
Hemos adquirido sin saberlo, un sistema de negatividad que está actualmente recorriendo el planeta.
Hacer el mal y hacer culpables es en realidad una forma de crueldad, ¿no?
Hemos permitido a los demás que nos programaran con métodos de auto-tortura, y podemos ver que hemos tomado represalias al invitar a otros a torturarse como respuesta a ello.
Hemos permitido ser manipulados por la culpa, y le dimos la vuelta y usamos ese mismo mecanismo de la culpa para tratar de explotar y controlar a otros.

El grado en que no nos hemos permitido experimentar la realidad de nuestro verdadero Ser está representado por nuestro resentimiento hacia aquellos que si lo han hecho.
Nos ofende su vitalidad en las áreas en las que nos sentimos discapacitados.
Esta verdad aleccionadora está representada en la historia de un hombre que caminaba por la playa y se encontró con un pescador con un cubo lleno de cangrejos.
Le dijo al pescador, “cubre el cubo de cangrejos o se saldrán.” “No,” dijo el sabio y viejo pescador. “No hay necesidad de ello. Ya ves, cuando un cangrejo llega a lo alto del cubo para salir, los otros cangrejos le agarrar y tirar de él. Así que no hay necesidad de cubrirlos.”

A medida sigamos dejando ir, cada vez más ligeros, y cada vez más libres, por desgracia, veremos que la naturaleza del mundo es como el cubo de cangrejos.
Y, después, toda la extensión de su negatividad se hará evidente.
Cuando nos volvamos totalmente conscientes de la factura de los bienes que nos han vendido, es muy probable que sintamos ira y un fuerte deseo de liberarnos de las ataduras de la negatividad.

ByMaría Guadalupe Buttera

Nací en SANTA FE, ARGENTINA el 17-04-1966. Me desempeño como Facilitadora de procesos de transformación interior, Escritora y Comunicadora sobre Desarrollo Personal y Espiritual. Guía y Acompañamiento para la Paz Interior.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Scroll Up