La especie humana y su vínculo con el Planeta Tierra

Nov 15, 2016

La especie humana y su vínculo con el Planeta Tierra

“Creemos ser la flor de la evolución; los dueños de la Tierra; ya sea por mandato divino o porque decimos ser la única especie inteligente del universo…La hechizante sensación de ocupar el lugar del centro sostiene las burbujas que impiden el sentirnos parte de la vida en la que estamos inmersos…”

Por Eugenio Carutti: 
La conciencia humana evolucionó protegida dentro de las burbujas de creencias propias de cada tribu, nación, religión o época. Cada nido desarrolló esquemas para entender el mundo, sistemas de ideas y conductas aparentemente adecuadas para sobrevivir. El entretejido arquetípico en el que los humanos anidamos durante milenios ha llegado a su límite. Pero este tiempo quizás no sea nada más que una ventana que no permanecerá abierta para siempre. Alguna cultura puede triunfar sobre las otras; el miedo colectivo nos hará buscar nuevos hechizos. Por eso este tiempo es tan particular. Para que florezca el proceso de individuación al que estamos llamados, debemos comprender los esquemas básicos que sostienen las percepciones distorsionadas que impiden el surgimiento de una auténtica conciencia planetaria.

La especie humana es una maravillosa expresión de la creatividad viviente de la Tierra. Con ella giramos alrededor del sol, junto a los demás planetas. Nos movemos en un océano de estrellas, inmersos en un mar de galaxias. Todo ello es vida; las infinitas manifestaciones y niveles de prodigiosas inteligencias que escapan por completo a nuestra imaginación. ¿Por qué no somos capaces de sentir la inmensidad que habitamos? ¿Por qué nuestros cuerpos no sienten concretamente la vida de la Tierra, la burbujeante creatividad de las especies con las cuales convivimos en este planeta? ¿Por qué no sentimos en nuestro corazón la dimensión insondable del espacio que nos rodea? Porque estamos encerrados en nuestras burbujas. No sentimos. Solo pensamos y proyectamos nuestras construcciones sobre la realidad. Cada nido, cada tradición ha creído ser el centro del universo, los únicos verdaderamente humanos, los pueblos elegidos, las razas superiores, los hijos dilectos de dioses exclusivos.

Creemos ser la flor de la evolución; los dueños de la Tierra; ya sea por mandato divino o porque decimos ser la única especie inteligente del universo. Escuchamos a los científicos afirmar que no hay otra inteligencia más allá de la nuestra en el mar de las galaxias, o a los sacerdotes decir que hablan personalmente y conocen la voluntad de aquello que ha creado esta inmensidad. Quizás nuestra vulnerabilidad hizo que fuera necesario que creyéramos ser únicos y tremendamente importantes en el diseño de la vida. Quizás la fragilidad de nuestra maravillosa inteligencia en sus albores no nos dejo otra alternativa que creernos superiores y con derecho a ser los dueños de la Tierra e incluso del Universo.

El proceso de individuación, la ardua tarea de diferenciarnos del alienante tejido de las imágenes y creencias colectivas nos exige enfrentar este poderoso e ilusorio núcleo de la conciencia humana. La hechizante sensación de ocupar el lugar del centro sostiene las burbujas que impiden el sentirnos parte de la vida en la que estamos inmersos. ¿Acaso podremos resolver nuestros problemas políticos, sociales o económicos a escala planetaria si nos seguimos creyendo argentinos o franceses, judíos o árabes, chinos o hindúes? ¿Si no somos capaces de sentir que somos una sola humanidad? ¿Podremos resolver los inmensos problemas ecológicos si no nos sentimos terrestres; una expresión más de la inteligencia planetaria?

La energía de la Era de Acuario es excéntrica, cuestiona radicalmente el arquetipo del centro con el que estamos identificados colectiva e individualmente. 
Es muy posible que estemos viviendo el fin de la infancia de la especie humana. 
La caída de la torre que tuvimos que construir para protegernos en nuestros primeros pasos. 
Abrir el corazón es sentir, sentir la inmensidad, sentir la presencia tanto de las pequeñas vidas como de las inimaginables posibilidades de existencia que nos rodean. Es salir del lugar del centro y comenzar a preguntarnos por la real función del ser humano en el diseño de la vida.
Por Eugenio Carutti, antropólogo y astrólogo.


ByMaría Guadalupe Buttera

Nací en SANTA FE, ARGENTINA el 17-04-1966. Me desempeño como Escritora y Comunicadora para la Paz Interior. Op. en Psicología Social. Counselor.

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