Los Cuatro Acuerdos

Los Cuatro Acuerdos

Que nos permiten vivir más plenos y felices

Hay creencias que nos limitan para vivir con plenitud. Estos 4 acuerdos nos ayudan a liberarnos.

En su libro “Los Cuatro Acuerdos”, el Don Miguel Ruiz; nos enseña la sabiduría
ancestral de los toltecas; un pueblo de cultura milenaria del centro de México,
comparables a los Aztecas, aunque menos numerosos y también menos conocidos. Eran
considerados “hombres y mujeres de conocimiento”.

Él describe el conocimiento tolteca como una
manera de vivir que se distingue por su fácil acceso a la felicidad y el amor
.

Parte de la premisa que cuando somos niños, los adultos que nos rodeaban nos
transmitieron creencias y maneras de comportarnos en sociedad: qué creer y qué
no creer; qué es aceptable y qué no lo es; qué es bueno y qué es malo; qué es
lindo y qué es feo; qué es correcto y qué es incorrecto. Así es como aprendimos
lo que sabemos hoy.

Y nos lleva a ver que nada elegimos: idioma, creencias, religión, nombres, conceptos,
comportamientos sociales, etc.

El autor defiende el agradecimiento a lo recibido basándose en que nos ofrecieron lo mejor que supieron y pudieron. Nos enseñaron lo que sabían y aquello en lo que creían.
Así que, teniendo en cuenta esto, hemos de agradecer lo recibido.

Lo cual no quita las personas, cuando vamos madurando, pongamos en cuestión muchas
de las creencias que nos enseñaron, especialmente cuando no aportan a nuestro
“estar bien” hoy.

Insiste en la idea de que fuimos enseñados en base al miedo, la culpa, la censura de que somos malos y hemos de ser buenos… etc.

Ahora bien, ¿cómo funciona esta “domesticación (enseñanzas recibidas) del
individuo”?

La ATENCIÓN es la capacidad que tenemos de centrarnos en aquello que queremos percibir. Utilizando la atención aprendimos una realidad completa. Aprendimos cómo compórtanos en sociedad: qué
creer y que no creer.

Nunca tuvimos la oportunidad de elegir que creer y qué no creer.

Ni siquiera elegir nuestro propio nombre.

Y toda esa información recibida, la hemos almacenado por acuerdo, hemos estado “de acuerdo” con esas costumbres y creencias.

Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, nos lo creemos y actuamos en función a
ello. A eso le llamamos Fe, tener fe es creer incondicionalmente.

Ejemplo, aprendemos a juzgar: Nos juzgamos a nosotros mismos, juzgamos a otras personas
a nuestros vecinos, compañeros de trabajo, amigos…

A muchas personas les resulta normal sufrir, vivir con miedo y crear dramas
emocionales, porque esto es lo que recibieron como enseñanza.

Nos armamos un sistema de creencias, y aunque esté mal armado, nos sentimos
culpables por lo que hacemos o dejamos de hacer de acuerdo a este sistema de
creencias. Y éste es el que nos genera miedo.

Si observamos la sociedad humana, comprobamos que es un lugar en el que resulta
muy difícil vivir, porque está gobernado por el miedo. En el mundo vemos
sufrimiento, ira, venganza, adicciones, violencia en las calles, etc.

Debido a los acuerdos y creencias que hemos almacenado en nuestra mente, seguimos buscando la verdad afuera cuando todo ya está en nosotros.

No vemos la verdad porque estamos ciegos. Lo que nos ciega son todas esas falsas
creencias que tenemos en la mente. Necesitamos sentir que tenemos razón y que
los demás están equivocados. Confiamos en lo que creemos, y nuestras creencias
nos invitan a sufrir.

Y si no nos cuestionamos estas creencias, no somos libres, sino esclavos de ellas.

Hemos aprendido a vivir intentando satisfacer las exigencias de otras personas. Hemos
aprendido a vivir según los puntos de vista de los demás por el miedo a no ser
aceptados y de no ser lo suficientemente buenos para otras personas.

Intentamos complacer especialmente a las personas que nos aman, como papá y mamá, nuestros
hermanos o hermanas mayores, nuestros maestros, sacerdotes. Al tratar de ser lo
suficientemente bueno para ellos, creamos una imagen de perfección, pero no
encajamos en ella.

Nos da mucho miedo que alguien descubra que no somos lo que pretendemos ser.
También juzgamos a los demás según nuestra propia imagen de perfección y,
naturalmente, no alcanzan nuestras expectativas.

Nos da miedo expresar quienes somos realmente.

Nadie en toda tu vida, te ha maltratado más que tu mismo.

Si cometemos un error delante de los demás, intentamos negarlo y taparlo.

LOS ACUERDOS QUE SURGEN DEL MIEDO REQUIEREN UN GRAN GASTO DE ENERGÍA, PERO LOS QUE SURGEN DEL AMOR NOS AYUDAN A CONSERVAR NUESTRA ENERGÍA VITAL E INCLUSO A AUMENTARLA.

Si somos capaces de reconocer que nuestra vida está gobernada por acuerdos y creencias
recibidas que no nos hacen felices, necesitamos cambiar esos acuerdos y
creencias.

Cuando finalmente estemos dispuestos a cambiarlos, habrá cuatro acuerdos que nos ayudaran
a romper aquellos otros que surgen del miedo y agotan nuestra energía.

 EL PRIMER ACUERDO:

SÉ IMPECABLE CON TUS PALABRAS

El primer acuerdo es el más importante y también el más difícil de cumplir. Es tan
importante que sólo con él ya serás capaz de alcanzar ¨El cielo en la tierra¨.

Este primer acuerdo parece simple, pero es sumamente poderoso.

TU INTENCIÓN SE PONE DE MANIFIESTO A TRAVÉS DE TUS PALABRAS. LO QUE SUEÑAS, LO QUE SIENTES Y LO QUE REALMENTE ERES, LO MUESTRAS POR MEDIO DE LAS PALABRAS.

Las palabras son una herramienta muy poderosa. Pero son como una espada de doble
filo: Pueden construir el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea.

Uno de los filos es el uso erróneo de las palabras, que crean un infierno en vida.

El otro es la impecabilidad de las palabras, qué sólo engendrará belleza, amor…

Según cómo las utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo
que te imaginas.

Toda la magia que posees se basa en tus palabras. Son pura magia y si las utilizas
mal, se convierten en magia negra. Esta magia es tan poderosa, que una sola
palabra puede cambiar una vida o destruir millones de personas. Hace años, en
Alemania, mediante el uso de las palabras, un hombre manipuló a un país entero
de gente muy inteligente. Los llevo a una guerra mundial sólo con el poder de
sus palabras.

Convenció a otros para que cometieran los más atroces actos de violencia. Activó el miedo
de la gente y, de pronto, como una gran explosión, empezaron las matanzas y el
mundo estalló en guerra.

Plantas una semilla, un pensamiento, y éste crece. Las palabras son como semillas ¡y la
mente humana es muy fértil!

Fíjate en el ejemplo de Hitler: Sembró todas aquellas semillas de miedo, que crecieron
muy fuertes y consiguieron una extraordinaria destrucción masiva.

Debemos comprender cuál es el poder que sale de nuestra boca.

Una palabra es como un hechizo, y los humanos utilizamos las palabras como magos de
magia negra, hechizándonos los unos a los otros imprudentemente.

Podemos imaginarnos como un mago y, por medio de las palabras, podemos hechizar a
alguien o liberarlo de un hechizo. Continuamente estamos lanzando hechizos con
nuestras opiniones. Por ejemplo, me encuentro con un amigo y le doy una opinión
que se me acaba de ocurrir. Le digo: ¨¡Mmmm! Estás pálido, te veo color de
enfermo”. Si escucha estas palabras, se lo cree y está de acuerdo, podría
enfermarse en realidad. Ese es el poder de las palabras.

Las palabras captan nuestra atención, entran en nuestra mente y cambian, para bien
o para mal, nuestras creencias.

SER IMPECABLE CON TUS PALABRAS ES NO UTILIZARLAS CONTRA TI MISMO. Si te veo en la
calle y te llamo estúpido, puede parecer que utilizo esa palabra contra ti,
pero en realidad la utilizo contra mí mismo, porque tú me vas a odiar por lo
que dije y tu odio no será bueno para mí.

Si te amo tú me amarás, si te doy odio tú me odiarás. Acción y reacción. Si siento
gratitud por ti, tu la sentirás por mí. Si soy egoísta contigo, tu lo serás
conmigo.

Ser impecable con tus palabras significa utilizar tu energía correctamente, en la
dirección de la verdad y el amor por ti mismo.

Si llegas a un acuerdo contigo mismo para ser impecable con tus palabras, eso
bastará para que la verdad se manifieste a través tuyo y limpie todo el veneno
emocional que hay en tu interior. Pero llegar a este acuerdo es difícil porque
hemos aprendido a hacer precisamente todo lo contrario. Hemos aprendido a hacer
de la mentira un hábito al comunicarnos con los demás y, aún más importante, al
hablar con nosotros mismos. No somos impecables con nuestras palabras.

MUCHAS VECES USAMOS LAS PALABRAS PARA MALDECIR, PARA CULPAR, PARA REPROCHAR, PARA DESTRUIR. EN GENERAL, UTILIZAMOS LAS PALABRAS PARA PROPAGAR NUESTRO VENENO PERSONAL: PARA EXPRESAR RABIA, CELOS, ENVIDIA Y ODIO.

Con el uso erróneo de las palabras, nos perjudicamos los unos a los otros y nos
mantenemos mutuamente en estado de miedo y duda.

Los chismes son magia negra de la peor clase, porque son puro veneno.

Aprendimos a contar chismes porque lo observamos en otros, lo internalizamos como una
conducta normal,  y no cuestionamos.

Contar chismes se ha convertido en la principal forma de comunicación en la sociedad
humana.

El chismorreo es comparable a un virus informático. Pero con una intención dañina.
Uno ni se percata de ello pero es mucho el daño que hace.

Si eres impecable con tus palabras verás cuantos cambios ocurren en tu vida. En primer
lugar, cambios en tu manera de tratarte y en tu forma de tratar a otras
personas, especialmente a aquellas a las que más quieres.

La impecabilidad en tus palabras también te proporcionara inmunidad frente a
cualquier persona que te lance un hechizo. Solamente recibirás una idea
negativa si tu mente es un campo fértil para ella.

También el apóstol Santiago nos habla de la mala y la buena lengua: “Si alguien cree que es una persona religiosa, pero no domina su lengua, se engaña a sí misma y su religiosidad es vacía”. (Sant. 1,26).

Que su conversación sea agradable y no le falte su granito de sal. Sepan contestar a cada uno lo que corresponde.

Colosenses 4:6

TÚ DECIDES SI LLEGAS O NO A ESTABLECER UN ACUERDO CONTIGO MISMO: SOY IMPECABLE CON MIS PALABRAS. ESTE ES EL PRIMER ACUERDO AL QUE DEBES LLEGAR SI QUIERES SER
LIBRE, SER FELIZ Y TRASCENDER EL NIVEL DE EXISTENCIA DEL INFIERNO.

Dile a tu ser que eres una persona maravillosa, fantástica. Dile cuánto te amas.
Utilizas las palabras para romper todos esos acuerdos que te hacen sufrir.

Un par de cuentos muy atinados sobre este acuerdo:

Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un
hoyo profundo.

Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo.

Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para
efectos prácticos, se debían dar por muertas.

Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando
de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.

Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.

Finalmente,
una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió.

Ella se desplomó y murió.

La otra rana continúo saltando tan fuerte como le era posible.

Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de
sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir
luchando.

Pero la rana salto cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró salir del hoyo.

Cuando salió, las otras ranas le dijeron:

– “nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos”.

La rana les explicó que era sorda, y que pensó que las demás la estaban animando a
esforzarse más y salir del hoyo!

Moraleja

1.- La palabra tiene poder de vida y muerte.

Una palabra de aliento a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo
y finalizar el día.

2.- Una palabra destructiva dicha a alguien que se encuentre desanimado puede ser
lo que lo acabe por destruir.

Tengamos cuidado con lo que decimos.

3.- Una persona especial es la que se da tiempo para animar a otros.

Otro relato

Un sabio maestro se dirigía a su auditorio dando valiosas lecciones sobre el poder sagrado de la palabra, y el influjo que ella ejerce en nuestra vida y la de los demás.

-Lo que usted dice no tiene ningún valor- lo interpeló un señor que se encontraba en el auditorio.

El maestro le escuchó con mucha atención y tan pronto terminó la frase, le gritó con fuerza: “Cállate, estúpido!! y siéntate, idiota”!!. Ante el asombro de la gente, el aludido se llenó de furia, soltó varias imprecaciones y, cuando estaba fuera de sí, el maestro alzó la voz y le dijo: “Perdone caballero, le he ofendido y le pido perdón; acepte mis sinceras excusas y sepa que respeto su opinión, aunque estemos en desacuerdo”.

El señor se calmó y le dijo al maestro: “Le entiendo, y también pido disculpas y acepto que la diferencia de opiniones no debe servir para pelear, sino para mirar otras opciones”.

El maestro le sonrió y le dijo: “Perdone usted que haya sido de esta manera, pero así hemos visto todos del modo más claro, el gran poder de las palabras: Con unas pocas palabras le exalté, y con otras pocas le calmé”

 

El chisme

“Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en  casa; y  no  solamente  ociosas,  sino   también    chismosas    y entremetidas, hablando lo que no debieran” (1 Timoteo 5:13).

 Soy más mortal que una bala de cañón. Derribo casas, quiebro corazones, ahondo vidas.  Viajo  en  las  alas  del  viento. No hay inocencia lo bastante fuerte para intimidarme, ni pureza lo bastante pura para desalentarme. No me importa la verdad, no respeto la justicia, ni tengo misericordia con los indefensos. Mis victimas son tantas como la arena del mar, y a menudo son también inocentes. Nunca olvido y casi nunca perdono. Me llamo chisme (Morgan Blake).

El vicio de hablar del prójimo, tejer comentarios prejuiciosos sobre  las  personas  que  conocemos,  sembrar  discordia  y provocar disensiones en general es  una  de  las  armas  más destructoras en el mundo en que vivimos. Y tanto hace mal a la persona de quien hablamos como a nosotros mismos. En realidad, al dar lugar al chisme, estamos sometiéndonos a lluvias de maldición sobre la cabeza.

Nuestra boca, como hijos del DIOS de AMOR,  debe  ser  usada para bendecir, edificar, consolar, y para orar.

No  tenemos  el derecho de acusar, de censurar, de tejer juicios personales.

Dios es amor, y quien acusa  es  el  demonio.

Fuimos llamados para  proclamar  la  Palabra  de DIOS y para impartir todo el bien que recibimos del Señor al abrir el corazón a Él.

JESÚS vino a traernos VIDA en abundancia  y  anhela  que nuestro vivir y nuestro hablar ofrezca también  momentos  de PAZ y ALEGRÍA a todos los que están  a  nuestro  alrededor.

Somos discípulos del Señor y, por eso, debemos  actuar  de  manera que engrandezca y glorifique SU nombre.

En nuestras comunidades, ¿tenemos el hábito de hablar mal de las personas, de querer “juzgarlas”?

Pidamos a Jesús que lo  modifique  y  que  de  nuestra  boca  salgan  apenas palabras de bendiciones, que construyan y no q destruyan.

 

SEGUNDO ACUERDO

NO TE TOMES NADA PERSONALMENTE

Cuando estamos atrapados en nuestra mente y consideramos que todo gira a nuestro
alrededor, cualquier cosa que se diga lo tomamos personalmente.

Suceda lo que suceda a tu alrededor, no te lo tomes personalmente.

Creemos que somos responsables de todo. ¡Yo, yo, yo y siempre yo!

Todos vivimos en nuestra propia mente; los demás están en un mundo distinto de aquel
en que vive cada uno de nosotros.

Cuando nos tomamos personalmente lo que alguien nos dice, suponemos que sabe lo que
hay en nuestro mundo interno.

Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo, cuando alguien te
insulta directamente, eso no tiene que ver contigo muchas veces.

Lo que esa persona dice, lo que hace y las opiniones que expresa responden a los
acuerdos que ha establecido en su propia mente. Por ejemplo si eres tranquilo,
paciente y para él eso no es valorado, puede que te “etiquete” como un “flemático”.

Y la verdad es que se refiere a sus propios sentimientos, creencias y opiniones
respecto a esa manera de ser.

Si esa persona lo dice despectivamente y si tu lo tomas personalmente, lo internalizas
y se convierte en tuyo; te lo crees.

Hay gente que te atrapa fácil con una simple opinión, después te alimentan con el
veneno que quieren, y como te lo tomas personalmente, te lo tragas sin darte
cuenta.

Hay que estar muy despiertos porque si no, te comes toda su basura emocional y la
conviertes en tu propia basura. Pero si no te lo tomas personalmente, serás
inmune a todo veneno que te encuentres. Esa inmunidad es un don de este
acuerdo.

Cuando te tomas las cosas personalmente, te sentís ofendido y reaccionas defendiendo
tus creencias y creando conflictos. Haces una montaña de un grano de arena
porque sientes la necesidad de tener la razón y de que los demás estén
equivocados. También te esfuerzas en demostrarles que tienen la razón dando tus
propias opiniones.

Lo que dices, lo que haces y las opiniones que tienes se basan en los acuerdos que
tu has establecido, y no tienen nada que ver conmigo.

Pienses lo que pienses, sientas lo que sientas, sé que se trata de tu problema y no del
mío. Es tu manera de ver el mundo. Te refieres a ti mismo y no a mí.

Los demás tienen sus propias opiniones según su sistema de creencias. Sea lo que
sea lo que la gente haga, piense o diga, no te lo tomes personalmente.

Únicamente si hacemos un inventario de nuestros acuerdos destaparemos todos los conflictos
de la mente y con el tiempo llegaremos a extraer el orden del caos.

No te tomes nada personalmente por que si lo haces te expones a sufrir inútilmente.

Los seres humanos somos adictos al sufrimiento en diferentes niveles y distintos
grados; nos apoyamos los unos a los otros para mantener esa adicción. Hemos
acordado ayudarnos mutuamente a sufrir. Si tienes la necesidad de que te
maltraten, será fácil que los demás lo hagan.

Del mismo modo si estás con personas que tienen necesidad de sufrir, algo en ti
hará que las maltrates. Piden una justificación para su sufrimiento. Su
adicción al sufrimiento no es más que un acuerdo que se refuerza a diario.

Vayas donde vayas, encontrarás gente que te mentirá, pero a medida que amplíes tu
conciencia, descubrirás que tu también te mientes a ti mismo. No esperes que
los demás te digan la verdad, porque ellos también se mienten a sí mismos.
Tienes que confiar en ti y decidir si crees o no lo que alguien te dice.

Cuando realmente vemos a los demás tal como son sin tomárnoslo personalmente, lo que
hagan o digan no nos dañará. Aunque los demás te mientan no importa. Te mienten
porque tienen miedo.

Tienen miedo de que descubras que no son perfectos. Quitarse la máscara social resulta
doloroso.

Si los demás dicen una cosa, pero hacen otra cosa, y tu no prestas atención a tus
propios actos, te mientes a ti mismo.

Pero si eres veraz contigo mismo, te ahorrarás mucho dolor emocional. Decirte la
verdad quizá resulte doloroso, pero no necesitas aferrarte al dolor.

La curación está en camino; que las cosas te vayan mejor es sólo cuestión de
tiempo.

Si alguien no te trata con amor y respeto que se aleje de ti es un regalo. Si esa
persona no se va lo más probable es que soportes muchos años de sufrimiento con
ella.

PARA ELEGIR CORRECTAMENTE, MÁS QUE CONFIAR EN LOS DEMÁS, ES NECESARIO QUE CONFÍES EN TI MISMO.

Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te
evitará muchos disgustos en la vida.

Tu rabia, tus celos, tu envidia desaparecerán, y si no te tomas nada
personalmente, incluso tu tristeza desaparecerá.

Si conviertes el segundo acuerdo en un hábito, descubrirás que nada podrá volverte
al infierno.

Escribe este acuerdo en un papel y engánchalo a tu heladera, en tu oficina en tu lugar
de trabajo para recordarlo en todo momento: NO TE TOMES NADA PERSONALMENTE.

Cuando te acostumbres a no tomarte nada personalmente, no necesitarás depositar tu
confianza en lo que hagan o digan los demás. Basta que confíes en ti mismo para
elegir con responsabilidad.

No somos responsables de los actos de los demás; sólo somos responsables de nuestros
actos. Cuando comprendemos esto, de verdad, y nos negamos a tomarnos las cosas
personalmente, será muy difícil que los comentarios insensibles o los actos
negligentes de los demás nos hieran.

Si mantienes este acuerdo, viajarás por todo el mundo con el corazón abierto por
completo y nadie te herirá. Dirás te amo, sin miedo a que te ridiculicen o
rechacen. Pedirás lo que necesites. Dirás sí o dirás no. Lo que tú decidas, sin
culparte ni juzgarte.

Sobre este acuerdo viene muy
bien este relato:

Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los
jóvenes.

A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a
cualquier adversario.

Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por
allí.

Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: Esperaba a que su adversario
hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para
reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.

El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha.

Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su
fama. Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo
aceptó el desafío. Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven
comenzaba a insultar al anciano maestro.

Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los
insultos conocidos -ofendiendo incluso a sus ancestros-. Durante horas hizo
todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible.

Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero
se retiró.

Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los
alumnos le preguntaron:

-¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún
sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de
todos nosotros?

El maestro les preguntó:

-Si
alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién
pertenece el

obsequio?

-A quien intentó entregarlo- respondió uno de los alumnos.

-Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-. Cuando
no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.

“El que te insulta, no insulta sino la idea que él mismo tiene de ti, es decir, él mismo”.  Villiers de l’Isle-Adam



EL TERCER ACUERDO

EVITA HACER SUPOSICIONES

El tercer acuerdo consiste en no hacer suposiciones.

Tendemos a hacer suposiciones sobre todo.

El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto.

Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan, nos lo tomamos
personalmente y después, los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional
con nuestras palabras.

Todas las tristezas y los dramas que has experimentado tienen sus raíces en las
suposiciones que hiciste y en las cosas que te tomaste personalmente.

Toda cuestión del dominio entre los seres humanos gira alrededor de suposiciones.

Producimos
mucho veneno emocional haciendo suposiciones y tomándonoslas personalmente,
porque por lo general empezamos a chismosear a partir de nuestras suposiciones.

Recuerda que chismosear es nuestra forma de comunicarnos y enviarnos veneno los unos a
los otros.

Como tenemos miedo de pedir una aclaración hacemos suposiciones y creemos que son
ciertas, después las defendemos, e intentamos que sea otro el que no tenga la
razón, siempre es mejor preguntar que hacer una suposición, porque las
suposiciones crean sufrimiento.

Sólo vemos lo que queremos ver y oímos lo que queremos oír. No percibimos las cosas
tal como son.

Tenemos la costumbre de fantasear sin basarnos en la realidad concreta.

Hacer suposiciones en nuestras relaciones significa buscarse problemas.

Hacer suposiciones en las relaciones conduce a muchos conflictos, dificultades y
malentendidos con las personas que supuestamente amamos.

Muchas veces suponemos que la otra persona sabe lo que queremos.

El funcionamiento de la mente humana es bastante interesante. Necesitamos
justificarlo, explicarlos y comprenderlo todo para sentirnos seguros.

Si los demás nos dicen algo hacemos suposiciones, y si no nos dicen nada también.
Las hacemos para satisfacer nuestra necesidad de saber y reemplazar la
necesidad de comunicarnos. Incluso si oímos algo y no lo entendemos, hacemos
suposiciones sobre lo que significa, y después, creemos en ellas. Hacemos todo
tipo de suposiciones porque no tenemos el valor de preguntar.

Cuando creemos algo, suponemos que tenemos la razón hasta el punto de llegar a
destruir nuestras relaciones por defender nuestra posición.

Suponemos que todo el mundo ve la vida del mismo modo que nosotros. Suponemos que los
demás piensan, sienten, juzgan y maltratan como nosotros lo hacemos. Esta es la
mayor suposición que podemos hacer y esta es la razón por la cual nos da miedo
ser nosotros mismos ante los demás, porque creemos que nos juzgarán, nos
convertirán en sus víctimas, nos maltratarán. Y nos culparán como nosotros
mismos lo hacemos.

De modo que antes de que los demás tengan la oportunidad de rechazarnos, nosotros
mismos ya nos hemos rechazado. Así es como funciona la mente.

También hacemos suposiciones sobre nosotros mismos y esto crea muchos conflictos
internos. Por ejemplo, supones que eres capaz de hacer algo y después descubrís
que no lo eres. Te sobreestimas o te subestimas a ti mismo porque no te has
tomado el tiempo necesario para hacerte preguntas y contestártelas a ti mismo.

NO ES NECESARIO QUE JUSTIFIQUEMOS EL AMOR; ESTÁ PRESENTE O NO LO ESTÁ. EL AMOR
VERDADERO ES ACEPTAR A LOS DEMÁS TAL COMO SON SIN TRATAR DE CAMBIARLOS. SI
INTENTAMOS CAMBIARLOS SIGNIFICA QUE EN REALIDAD NO NOS GUSTAN.

Si no entiendes algo, en lugar de hacer suposiciones es mejor que preguntes y que
seas claro. El día que dejes de hacer suposiciones, te comunicarás con
habilidad y claridad, libre de veneno emocional. Cuando ya no hagas
suposiciones tus palabras se volverán impecables.

Con una comunicación clara todas tus relaciones cambiarán, no sólo con tu pareja,
sino también con todos los demás. No será necesario que hagas suposiciones
porque todo se volverá muy claro. Esto es lo que yo quiero y esto es lo que tu
quieres.

LO QUE REALMENTE HARÁ QUE LAS COSAS CAMBIEN ES LA ACCIÓN.

CUARTO ACUERDO

HAZ SIEMPRE LO MEJOR QUE PUEDAS

Sólo hay un acuerdo más, pero es el que permite que los otros tres se conviertan en
hábitos profundamente arraigados. El Cuarto Acuerdo se refiere a la realización
de los tres primeros: Haz siempre lo mejor que puedas.

BAJO CUALQUIER CIRCUNSTANCIA, HAZ SIEMPRE LO MEJOR QUE PUEDAS, NI MÁS NI MENOS.

Pero piensa que eso va a variar de un momento a otro. Todas las cosas están vivas y
cambian continuamente, de modo que, en ocasiones, lo mejor que podrás hacer
tendrá una gran calidad y en otras no será tan bueno. Cuando te despiertas
renovado y lleno de vigor por la mañana tu rendimiento es mejor que por la
noche cuando estás agotado. Lo mejor que puedas hacer será distinto cuando
estés sano que cuando estés enfermo.

Tu rendimiento dependerá de que te sientas feliz o disgustado, enojado o celoso.

En tus estados de ánimo diarios lo mejor que podrás hacer cambiará de un momento a
otro de una hora a otra de un día a otro. También cambiará con el tiempo. A
medida que vayas adquiriendo el hábito de los cuatro nuevos acuerdos tu rendimiento
será mejor de lo que solía ser.

Independientemente del resultado, sigue haciendo siempre lo mejor que puedas, ni más ni menos. Si
intentas esforzarte demasiado para hacer más de lo que puedes gastarás más
energía de la necesaria y al final tu rendimiento no será suficiente.

Cuando te excedes agotas tu cuerpo y vas contra ti, y por consiguiente te resulta más
difícil alcanzar tus objetivos.

Por otro lado si haces menos de lo que puedes hacer te sometes a ti mismo a
frustraciones, juicios, culpas y reproches.

Limítate a hacer lo mejor que puedas, en cualquier circunstancia de tu vida.

No importa si estás enfermo o cansado, si siempre haces lo mejor que puedas, no te
juzgarás a ti mismo en modo alguno.

Y si no te juzgas, no te harás reproches, ni te culparás ni te castigarás en
absoluto.

Si haces siempre lo mejor que puedas, romperás el fuerte hechizo al que estás
sometido.

Relato

Había una vez un hombre que quería trascender su sufrimiento, de modo que se fue a un
templo budista para encontrar a un maestro que le ayudase. Se acercó a él y le
dijo:

«Maestro, si medito cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la
iluminación?».

El maestro le miró y le respondió: «Si meditas cuatro horas al día, tal vez lo
consigas dentro de diez años».

El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo: «Maestro, y si medito ocho horas
al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación».

El maestro le miró y le respondió: «Si meditas ocho horas al día, tal vez lo
lograrás dentro de veinte años».

«Pero ¿por qué tardaré más tiempo si medito más?» Preguntó el hombre.

El maestro contestó: «No estás aquí para sacrificar tu alegría ni tu vida. Estás
aquí para vivir, para ser feliz y para amar.

Si puedes alcanzar tu mejor nivel en dos horas de meditación pero utilizas ocho,
sólo conseguirás agotarte, apartarte del verdadero sentido de la meditación y
no disfrutar de tu vida. Haz lo mejor que puedas y tal vez aprenderás que
independientemente del tiempo que medites puedes vivir, amar y ser feliz.

Si haces lo mejor que puedas vivirás con gran intensidad. Serás productivo y serás
bueno contigo mismo porque te entregarás a tu familia, a tu comunidad, a todo.
Pero la acción es lo que te hará sentir inmensamente feliz. Siempre que haces
lo mejor que puedes, actúas.

HACER LO MEJOR QUE PUEDAS SIGNIFICA ACTUAR EN CADA MOMENTO COMO UN FIN EN SI MISMO; NO PORQUE ESPERAS UNA RECOMPENSA.

La mayor parte de las personas hacen exactamente lo contrario: sólo emprenden la acción cuando esperan una recompensa y no disfrutan de ella. Y ese es el motivo por el que no hacen lo mejor
que pueden.

Por ejemplo, la mayoría de las personas van a trabajar y piensan únicamente en el
día de pago y en el dinero que obtendrán por su trabajo. Están impacientes
esperando a que llegue el viernes o el sábado, el día en el que reciben su
salario y pueden tomarse unas horas libres. Trabajan por su recompensa y el
resultado es que se resisten al trabajo.

Intentan evitar la acción; ésta entonces se vuelve cada vez más difícil y esas personas
no hacen lo mejor que pueden.

Trabajan muy duramente durante toda la semana, soportan el trabajo, soportan la acción,
no porque les guste, sino porque sienten que es lo que deben hacer.

Tienen que trabajar porque han de pagar el alquiler y mantener a su familia.

Son personas frustradas, y cuando reciben su pago, no se sienten felices. Tienen
dos días para descansar, para hacer lo que les apetezca, ¿y qué es lo que
hacen? Intentan escaparse. Se emborrachan porque no se gustan a sí mismos. No
les gusta su vida.

Cuando no nos gusta cómo somos, nos herimos de muy diversas maneras. Sin embargo, si
emprendes la acción por la honestidad y continuar por puro placer de hacerlo,
Haces lo mejor que puedes.

Te debes el aceptarte a ti mismo, tienes que arriesgarte a expresarte y aprender
de tus errores.

Cuando haces lo mejor que puedes no parece que trabajes, porque disfrutas de todo lo
que haces. Sabes que haces lo mejor que puedes cuando disfrutas de la acción o
la llevas a cabo de una manera que no te repercute negativamente.

Haces lo mejor que puedes porque quieres hacerlo, no porque tengas que hacerlo, ni
por complacer a los demás.

Si emprendes la acción porque te sientes obligado, entonces, de ninguna manera
harás lo mejor que puedas. En ese caso, es mejor no hacerlo.

Cuando haces lo mejor que puedes, siempre te sientes muy feliz; por eso lo haces.
Cuando haces lo mejor que puedes por el mero placer de hacerlo, emprendes la
acción porque disfrutas de ella.

LA ACCIÓN CONSISTE EN VIVIR CON PLENITUD.

La inacción es nuestra forma de negar la vida y consiste en sentarse delante del
televisor cada día durante años porque te da miedo estar vivo y arriesgarte a
expresar lo que sos en verdad. Expresar lo que eres es emprender la acción.

Puede que tengas grandes ideas en la cabeza, pero lo que importa es la acción.

Una idea, si no se lleva a cabo, no producirá ninguna manifestación, ni resultados
ni recompensas.

La historia de Forrest Gump es un buen ejemplo. No tenía grandes ideas, pero actuaba.
Era feliz porque hacía lo mejor que podía en todo lo que emprendía. Recibió
importantes recompensas que no había esperado. Emprender la acción es estar
vivo.

Es arriesgarse a salir y expresar tu sueño. Esto no significa que se lo impongas a
los demás, porque todo el mundo tiene derecho a expresar su propio sueño.

Hacer lo mejor que puedas es un gran hábito que nos conviene adquirir. Es una
creencia, como cualquier otra de las que podemos elegir tener. Para mí,
ducharse es un ritual; con esta acción le digo a mi cuerpo lo mucho que lo amo.
Disfruto al sentir el agua correr por mi cuerpo. Hago lo mejor que puedo para
que las necesidades de mi cuerpo se vean satisfechas, para cuidarlo y para
recibir lo que me da.

En la India celebran un ritual denominado puja. En él toman unas imágenes que representan a Dios de muy diversas maneras y las bañan, les dan de comer y les ofrecen su amor.

Incluso les cantan mantras. Las imágenes no son importantes en sí. Lo que importa es la
forma en que celebran el ritual.

Dejar ir al pasado y vivir el momento presente, aquí y ahora. Sea lo que sea que la
vida te arrebate, permite que se vaya, suéltalo. Cuando te entregas y dejas ir
el pasado, te permites estar plenamente vivo en el momento presente. Dejar ir
el pasado significa disfrutar del sueño que acontece ahora mismo.

Si vives en un sueño del pasado, no disfrutas de lo que sucede en el momento
presente, porque siempre deseas que sea distinto. No hay tiempo para que te
pierdas nada ni a nadie, porque estás vivo. No disfrutar de lo que sucede ahora
mismo es vivir en el pasado, es vivir sólo a medias. Esto conduce a la
autocompasión, al sufrimiento y las lágrimas.

NACISTE CON EL DERECHO DE SER FELIZ.

NACISTE CON EL DERECHO DE AMAR, DE DISFRUTAR Y DE COMPARTIR TU AMOR.

ESTÁS VIVO, TOMA TU VIDA Y DISFRÚTALA.

NO TE RESISTAS A QUE LA VIDA PASE POR ENCIMA TUYO.

No necesitamos saber ni probar nada. Ser, arriesgarnos a vivir y disfrutar de
nuestra vida, es lo único que importa. Dí que no cuando quieras decir que no, y
dí que sí cuando quieras decir que sí.

Tienes derecho a ser tu mismo. Y sólo puedes serlo cuando haces lo mejor que puedes.
Cuando no lo haces, te niegas el derecho a ser tu mismo. Esta es una semilla
que deberías nutrir en tu mente.

No necesitas muchos conocimientos ni grandes conceptos filosóficos.

No necesitas que los demás te acepten.

Expresas tu propia chispa divina mediante tu vida y el amor por ti mismo y por los
demás. Los tres primeros acuerdos sólo funcionarán si haces lo mejor que puedas.

No esperes ser siempre impecable con tus palabras. Tus hábitos rutinarios son
demasiado fuertes y están firmemente arraigados en tu mente. Pero puedes hacer
lo mejor posible. No esperes no volver nunca más a tomarte las cosas
personalmente; sólo haz lo mejor que puedas. No esperes no hacer nunca más
ninguna suposición, pero sí puedes hacer lo mejor posible.

Si haces lo mejor que puedas, hábitos como emplear mal tus palabras, tomarte las
cosas personalmente y hacer suposiciones se debilitará y con el tiempo, serán
menos frecuentes. No es necesario que te juzgues a ti mismo, que te sientas
culpable o que te castigues por no ser capaz de mantener estos acuerdos. Cuando
haces lo mejor que puedes, te sientes bien contigo mismo aunque todavía hagas suposiciones,
aunque todavía te tomes las cosas personalmente y aunque todavía no seas
impecable con tus palabras.

Si siempre haces lo mejor que puedas, una y otra vez, te convertirás en un maestro
de la transformación. La práctica forma al maestro. Cuando haces lo mejor que
puedes, te conviertes en un maestro. Todo lo que sabemos lo aprendimos mediante
la repetición. Aprendimos así a escribir, a manejar e incluso a caminar… Somos
unos maestros hablando nuestra lengua porque la practicamos. LA ACCIÓN ES LO QUE
IMPORTA.

Si haces lo mejor que puedas en la búsqueda de tu libertad personal y de tu
autoestima, descubrirás que encontrar lo que buscas es sólo cuestión de tiempo.
No se trata de soñar despierto ni de sentarse varias horas a soñar mientras meditas.

Debes ponerte en pie y actuar como un ser humano. Debes honrar al hombre o la mujer
que eres.

Debes respetar tu cuerpo, disfrutarlo, amarlo, alimentarlo, limpiarlo y sanarlo.
Ejercítalo y haz todo lo que le haga sentirse bien. Esto es una puja para tu cuerpo, es una comunión
entre el universo y tú.

Cuando des amor a todas las partes de tu cuerpo, plantarás semillas de amor en tu
mente, y cuando crezcan, amarás, honrarás y respetarás tu cuerpo inmensamente.

Cuando honres estos cuatro acuerdos juntos, ya no vivirás más en el infierno.
Definitivamente, no.

Los Cuatro Acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una de las
maestrías de los toltecas.

TRANSFORMAS EL INFIERNO EN CIELO.

El conocimiento está ahí; sólo espera a que nosotros lo utilicemos.

Los Cuatro Acuerdos están ahí; sólo tenemos que adoptarlos y respetar su
significado y su poder.

Lo único que tenemos que hacer es lo mejor que podemos para honrar estos acuerdos.

Establece hoy este acuerdo: «Elijo respetar los Cuatro Acuerdos». Son tan sencillos y
lógicos que incluso un niño puede entenderlos. Pero para mantenerlos, necesitas
una voluntad fuerte. ¿Por qué? Porque vayamos donde vayamos descubrimos que
nuestro camino está lleno de obstáculos. Todo el mundo intenta sabotear nuestro
compromiso con estos nuevos acuerdos y todo lo que nos rodea está estructurado
para que los rompamos. El problema reside en los otros acuerdos que forman
parte del sueño del planeta. Están vivos y son muy fuertes.

Por esta razón es necesario que seamos un gran cazador, un gran guerrero capaz de
defender los Cuatro Acuerdos en nuestra vida. Nuestra felicidad, nuestra
libertad, toda nuestra manera de vivir dependen de ello. El objetivo del
guerrero es trascender este mundo, escapar de este infierno y no regresar jamás
a él. La recompensa consiste en trascender la experiencia humana del
sufrimiento. Esa es la recompensa.

Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos, necesitamos utilizar todo
el poder que tenemos. Cuando sentimos que no podemos, a levantarse y seguir
adelante!. A no compadecerse, digámonos: «Si me caigo, soy lo bastante fuerte,
bastante inteligente, puedo hacerlo.

El comienzo es duro y difícil… pero nuestra felicidad está en juego!

Cuando te caigas, no te juzgues; sé firme contigo mismo. Levántate y establece el
acuerdo de nuevo: «Está bien, rompí el acuerdo de ser impecable con mis
palabras. Empezaré otra vez desde el principio. Voy a mantener los Cuatro
Acuerdos sólo por hoy. Hoy seré impecable con mis palabras, no me tomaré nada
personalmente, no haré suposiciones y haré lo mejor que pueda». Un km se
empieza con el primer paso.

Si rompes un acuerdo, empieza de nuevo mañana y de nuevo al día siguiente. Al

principio será difícil, pero cada día te parecerá más y más fácil hasta que, un

día, descubrirás que los Cuatro Acuerdos dirigen tu vida. Te sorprenderá ver

cómo se ha transformado tu existencia.

Si otros lo hicieron, también tu puedes hacerlo. No te inquietes por el futuro; mantén tu atención en el día de hoy y permanece en el momento presente. Vive el día a día. Haz siempre lo mejor que puedas por mantener estos acuerdos, y pronto te resultará sencillo. Hoy es el principio de un nuevo sueño.

Texto inspirado y recreado por María Guadalupe Buttera, a partir del libro “Los

Cuatro Acuerdos”, del Dr. Miguel Ruiz.

ByMAría GuAdaLUPe butterA

Nací en SANTA FE, ARGENTINA el 17-04-1966. Me desempeño como Consultora y Facilitadora de procesos de transformación interior, Escritora y Comunicadora sobre Desarrollo Personal. Op. en Psicología Social. A partir de 1996 me encuentro explorando y llevando a la práctica diversos modos de abordajes en el ámbito de la relación de ayuda, el desarrollo personal y la filosofía aplicada a la vida cotidiana. Mi misión personal consiste en: “Facilitar que las personas redescubran su propio camino hacia el Amor que habita en su interior y el Poder para crear su propia vida” Guía y acompañamiento para la paz interior, a través del desarrollo personal y espiritual.

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