Para reconocer e incluir en el alma familiar a los hijos abortados
Gracias a las comprensiones de Bert Hellinger, me resulta posible acompañar a madres que han abortado (voluntarimanete o no) y necesitan elaborar ese pasado de sus vidas, para poder continuar libres de tanta carga y dolor.
Cuando la madre ha abortado de manera voluntaria, en un diálogo con ese hijo abortado, se hace cargo y le expresa:
“Soy tu madre y te tomo como mi hijo.
Te rechacé como rechacé a tu padre. Ahora asumo las consecuencias de haberte matado…
Eres mi hijo nº…, tienes otros hermanos, mas grandes, mas pequeños. Tu padre es …
Ahora puedes descansar en paz”
Cuando el aborto ha sido involuntario, la madre le expresa su amor de madre, su comprensión del sufrimiento que pasó, le dice su lugar entre sus otros hijos (hermanos del bb) y luego le permite descansar en paz.
Mientras los hijos abortados permanecen en secreto familiar y la responsabilidad no es asumida, esto no solo afecta a la madre y al padre
(suelen tener conductas de auto castigo, inconscientes), sino también a todos los hermanos y a la generación siguiente, queriéndoles seguir en la muerte o en la exclusión.
De allí que es es esencial hacer este trabajo de re-conocimiento e inclusión de ese hijo en el alma familiar.
Gracias a los aportes y observaciones de este sabio filósofo alemán, hoy sabemos que basta con que este hijo sea mirado y reconocido como parte de la familia, para que todo el sistema familiar se alivie de la carga emocional que estas situaciones no resueltas generan.
Los abortos y embriones, una vez vistos y tomados en el corazón, están en paz con su destino. Ellos han muerto para que los demás vivan, para que sus padres o sus hermanos vivan.
Mirar con amor… hacerse cargo… dar un lugar en el corazón… y aceptar que nadie pudo ser diferente a como fue… desde ahí, es
posible transformar esa energía de muerte en energía al servicio de la Vida!
Respiras profunda y concientemente. miras hacia adelante, hacia la Vida, visualizando a los lejos la Luz de la Vida, una luz lejana, infinita, poderosa; inhalas y tomas esa energía de vida, exhalas y sueltas todo lo que ya no necesitas hoy en tu vida, lo entregas a Dios…
“Por favor Padre libera las memorias de dolor, rechazo, abortos, abandono, soledad, odio, venganza, miedos, ira, celos, envidias, divisiones, enfermedades……… en mi, en mi familia, en la familia humana… gracias…. por favor…. si….”
Y sigo entregándome a la vida como es…
Para tener en cuenta
Cuando en una familia ha habido un aborto o una pérdida de embarazo, ese niño no desaparece simplemente. Aunque los padres no lo digan, los hijos sienten que falta alguien.
Sienten el vacío. Sienten la tristeza. A veces también la culpa. Y lo cargan sin poder entenderlo.
Bert Hellinger recomienda, por lo tanto, comunicarlo a los hijos vivos. De manera sencilla. Sin muchas explicaciones. Sin culpa. Solo como es.
Por ejemplo así:
“Tuvimos otro hijo. No pudo vivir. Pero pertenece a nosotros. En nuestro corazón tiene un lugar. Y también en nuestra familia tiene su lugar. Pueden mirarlo como a su hermano o hermana”
A veces ayuda mostrarlo con una imagen. Por ejemplo, cuando ponen la mesa en el cumpleaños de uno de los niños. Entonces dejan un lugar vacío.
Y dicen:
“Aquí se habría sentado ese niño. Pertenece a nosotros. No lo olvidamos. Nos mira con amor. Y nosotros lo miramos con amor”
En ese momento sucede algo liberador.
El hijo perdido es visto. Puede pertenecer.
Y los hijos vivos respiran aliviados. Porque ahora entienden lo que ya sentían. Ya no tienen que vivir en lugar del que falta. Pueden ocupar su propio lugar – como segundo, tercero o cuarto hijo.
Lo más importante, sin embargo, es la actitud de los padres.
No quedarse en el dolor. No quedarse en la culpa. Sino mirar en silencio, con amor.
Decir simplemente:
“Tú perteneces. Tienes tu lugar. En nuestro corazón estás guardado”
Entonces llega la paz.
Los hijos sienten: La familia está completa.
Y solo desde esta plenitud pueden ir libres hacia la vida.
Matthias Posch
