¿Cómo me relaciono con mi agresividad?

¿Cómo me relaciono con mi agresividad?

La agresividad es una
reacción de supervivencia frente a un abuso. La agresividad es el disfraz de un
gran dolor que busca ser reconocido, elaborado, y aceptado como parte del
destino.
Algunas
personas se paralizan o sienten miedo ante la agresividad de otros. A otras
personas les sucede que la agresividad les desborda. En ambos casos es
necesario trabajar para poder aprender a vincularnos con nuestra agresividad, a
veces vivida en nuestra propia historia; y otras, podría ser heredada de
nuestros ancestros. Por ejemplo, si existió agresividad entre mis padres, si
uno de ellos no se atrevió a enfrentarla, si uno no se supo defender, etc.
Estas cuestiones nos marcan desde pequeños y marcan nuestro estilo de
relacionarnos con la agresividad.
Cuando
reprimimos nuestra agresividad, cuando no sabemos gestionarla, es posible que
aparezcan personas que se abusen de nosotros (emocionalmente o de otras
formas).
Estas
personas están al servicio de nuestro aprendizaje, se presentan ante nosotros
para que aprendamos a reconocer y reconectar, desde un nuevo lugar, con nuestra
agresividad.
Cuando
damos rienda suelta a nuestra agresividad y agredimos a otro/s, más tarde, nos
vamos a terminar agrediéndonos a nosotros mismos, con sentimiento de culpa
(inconsciente generalmente) generaremos depresión, algún fracaso,  accidente, síntomas físicos,
enfermedad, etc.
Ahora
bien, ¿cómo puedo permitir que mi agresividad tenga el lugar que necesita en
mí? La agresividad de nuestros ancestros ha permitido nuestra supervivencia, y
por ello es necesario darle su lugar, agradecerle y honrarle. La agresividad es
una reacción de supervivencia frente a un abuso. La agresividad es el disfraz de
un gran dolor que busca ser reconocido, elaborado, y aceptado como parte del
destino.
Ejercicio:
Busco un lugar donde pueda estar tranquilo/a, centrado/a, y visualizo en frente
a mi agresividad. En un lugar estoy yo y en frente mi agresividad (puedo representarla
con un almohadón o un papel).
Durante
un minuto me pongo en el lugar de la agresividad, espero a ver qué se siente,
percibo mi cuerpo, me permito hacer los movimientos que sienta en mi cuerpo.
Vuelvo
a ponerme en mi lugar, y si siento que es necesario, vuelvo a ponerme en el
otro lugar más tiempo.
Luego,
desde mi lugar, digo a la agresividad: “veo
el dolor que está detrás de ti
”; y me dejo llevar por el movimiento
que vaya surgiendo.
Si
he logrado abrazar mi agresividad, disfruto de la fuerza vital que surge de
allí. Si aún no pude unirme a ella, dejo pasar unos días y retomo el ejercicio
hasta poder tomarla como parte de mí.

Al final:
Respiras profunda y concientemente. miras hacia adelante, hacia la Vida, visualizando a los lejos la Luz de la Vida, una luz lejana, infinita, poderosa; inhalas y tomas esa energía de vida, exhalas y sueltas todo lo que ya no necesitas hoy en tu vida, lo entregas a Dios…

“Por favor Padre libera las memorias de dolor, rechazo, abandono, soledad, odio, venganza, miedos, ira, celos, envidias, divisiones, enfermedades……… en mi, en mi familia, en la familia humana… gracias…. por favor…. si….”


Y sigo entregándome a la vida como es…

Encuentras más ejercicios liberadores en la página https://despertarycrecer.com/ejercicios/

Libros que “Iluminan Nuestros Vínculos”:

ByMaría Guadalupe Buttera

Nací en SANTA FE, ARGENTINA el 17-04-1966. Me desempeño como Escritora y Comunicadora para la Paz Interior. Op. en Psicología Social. Counselor.

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